Yo iba conduciendo mi auto como siempre suelo hacer. El camino estaba un poco más claro que de costumbre por lo que podía apreciar el entorno que pocas veces está a mi vista. En la radio sonaban algunas canciones de mis grupos favoritos las cuales iba tarareando mientras abría la ventanilla para prender un cigarro. No suelo fumar muy seguido, pero esta ocasión ameritaba un foco que consiguiera desviar mi atención y así olvidarme del porqué iba conduciendo más rápido de lo habitual.
El entorno de verdad que me recordaba cuan fácil y simple es la vida, simplemente es vivirla, pero también me recordaba que la vida del ser humano es un problema tras otro... Que ganas de poder ser uno de aquellos animales que tanto amo, que tanto me deslumbran con sus pelajes, sus ojos fieros, sus rostros sin expresión. El velocímetro iba en aumento, apenas llevaba unos 150 kilómetros por hora, y yo sentía que el vehículo respondería bien si la aumentaba.
Sin meditarlo mucho mi pie cargó su peso sobre el mecanismo el cual respondió de inmediato.
Los árboles comenzaron a desfilar incesantes e imaginarios por las ventanas, la celeridad despertó mi adrenalina y los deseos de querer ir aún más rápido. Simplemente era un espectáculo en el que el único protagonista y espectador era yo mismo. Mis manos bailaban al compás del baile de la conducción: mis manos llevando el ritmo del volante y de las velocidades y mis pies marcando la aceleración que mi ansiedad necesitaba.
Poco a poco mis recuerdos comenzaron a fluir como si fuera un desfile de las fuerzas armadas. Imágenes y voces que se confundían con el sonoro motor rugiendo casi llegando a su máximo esplendor. Aquellos verdes prados que alguna vez me escondieron mientras jugaba a los pies de la montaña, aquellas cristalinas aguas que me bañaron en esas interminables tardes de juego, o de pesca. El sabor de aquel brebaje simple pero hipnótico de la harina tostada... En fin, muchos recuerdos hermosos que estaban resguardados por vivencias malignas y de las cuales en ese minuto iba dejando en el olvido.
Los vehículos circundantes rápidamente pasaban de estar delante mio a un simple recuerdo fugaz por el retrovisor. La noche que comenzaba a despedirse dejaba su gusto amargo en mi paladar y sus imágenes nublaban mi vista. Por momentos mi mente divagaba entre el presente con sus lágrimas cayendo por mis mejillas y el momento culmine de un período de mucho dolor.
La fría luz de la mañana comenzaba a reflejarse por los vidrios semi empañados de mi vehículo, el cual mantenía una velocidad constante hacía ya un rato. Mis manos firmes mantenían el manubrio en su dirección sin perder de vista, casi por instinto, todos los obstáculos que de a momentos iban apareciendo. Agradecía que no circulara un alma a esa hora con la cual compartir mi tristeza de un modo trágico... O al menos eso pensaba.
Aceleré aún más. Quería llevar al límite a la máquina que tanto importaba para mi. Y como un fiel servidor, acató mi orden al pie de la letra llegando a una velocidad aproximada de 240 km por hora. El límite de mi vehículo.
Mi sonrisa estaba dibujada con firmeza. Ya había recapitulado cada instante de lo que ocurrió previo a esta carrera y sólo me quedaba internalizarlo y sopesar lo que vendría ahora. Eso. Lo que vendría ahora... ¿Qué me esperaba en este minuto?, ¿qué iba a hacer de ahora en adelante? había renunciado a muchas cosas la noche que acababa de terminar, y tendría que retomar y crear nuevas oportunidades, nuevas opciones.
Sin embargo no hubo opción, simplemente ocurrió sin esperarlo. Pero fue mi culpa. Creo.
Mientras me hacía todas esas preguntas existenciales un vehículo, contra todo pronóstico me adelantó. Dentro de mis pensamientos no me había percatado de la cantidad de vehículos que me seguían. Y todos coincidían en una cosa: eran todos de las fuerzas policiales.
Frente a este escenario me quedaban practicamente dos posibilidades inmediatas: o me atrapaban, o me escapaba. No sabía cuanto tiempo llevaba la carrera, especificamente con la policia detrás mio. ¿Cómo en mi estupidez no se me cruzó por la cabeza lo que estaba haciendo?
La respuesta era obvia. Estaba terminando de destruir mi vida.
Ya con la conciencia de lo que estaba ocurriendo, recordé mis años de piloto clandestino y cómo conseguía eliminar sin la necesidad de chocar o empujar a mis contrincantes para deshacerme de ellos y poder ganar... Aunque mi habilidad con el manubrio estaba casi inherte en mi subconciente, con el paso de los años se fué puliendo a tal punto que nadie era capaz siquiera de tocarme.
Era la prueba de mi vida.
Mi mente cambió de personalidad. Mi vida había cambiado de rumbo. Mis sueños se habían esfumado en 3 simples palabras: quieres que terminemos.Una de mis manos bajó mi ventanilla para hacer una seña a los policias acosadores. Mi mirada se posó en el frente y mis labios susurraron mi antigua frase de batalla:
-vamos mi querido amigo, o son ellos, o somos nosotros. No sé tu, pero prefiero que sean ellos- Y con un guiño y un beso al volante dí por finalizado mi ritual. Me escaparía a como diera lugar.
Un vehículo de mis enemigos adelantó el mio con facilidad, mientras otro avanzó por mi costado llegando a la altura del copiloto hasta llegar a mi punto ciego. Tres más venían atrás mio y una legión de sus fuerzas venían tras de ellos acelerando, cortando el camino y dejándome el paso libre.
Como eran predecibles, el que me había adelantado tenía por función comenzar a bajar la velocidad mientras que el del costado sacarme del camino. Esperé hasta que hicieran su movimiento tal como esperaba y reaccioné frenando de golpe, dejando pasar de largo el empujón del segundo vehículo. Rápidamente lo rodeé y aceleré pasando a ambos con mayor velocidad. La lluvia comenzaba a nacer entre la tímida luz de la mañana.
Puesto que mi movimiento los pilló por sorpresa, un tercer vehículo se sumó a la velocidad vertiginosa que llevabamos, tratando de encerrarme para así evitar un nuevo escape. Nuevamente nos pusimos en posición: yo al medio, uno delante y dos por mis costados. Buscando dejarlos sin movimiento, comenzé a bajar la velocidad para que creyeran que habia un estado de redención por mi parte y dicho y hecho, siguieron mis pasos abriendo una brecha. No pasaron dos milisegundosy mi vehículo estaba pasando por la izquierda de mis acompañantes entre sus cofres y sus guardamaletas. Dos a cero. Nuevamente me escapé.
Seguimos de este modo por unos 40 minutos. Ellos siguieron eligiendo técnicas de encerramiento inútiles ante mis ojos expertos. "¿ Dónde estará mi ex-novia para que me viera conducir la carrera de mi vida?"... ya no importaba.
Nuevamente tomaron posiciones tras mi ultimo arranque y yo ya estaba aburrido y cansado de su poca imaginación, por lo que decidí llevar al límite mi habilidad: Frenaría tan fuerte y tan de pronto que me llevaría unos cuantos conmigo y trataría de dar la vuelta en U y salir por la primera bifurcación que encontrara.
-uno.... dos.... vamos compañero.... ¡ TRES !-
Las ruedas de mi vehículo cantaron al unísono su hermosa melodía de la fricción de los neumáticos con el pavimento semihúmedo. El manubrio tembló con fuerza y mi auto comenzó a patinar. La velocidad bajó bruscamente y tres vehículos policiales se dieron cuenta de mi movida por lo que corrieron de mi ruta de freno los suyos. Mientras iba avanzando con mi frenada, visualizé un camino de tierra hacia mi derecha, y con el espacio que abrí conseguí direccionarme en la nueva ruta desconocida. Luego tendría tiempo de averiguar donde me llevaría. Aunque era tarde para darme cuenta...
Los vehículos que iban delante mio viraron ágilmente para continuar con su persecución siguiendo a los que ya venían detrás mio. Mi mirada buscó alguna identificación de mi nuevo circuito con su nueva e irregular superficie.
Esto me recordó mis caminatas con mi ex-novia por la ciudad natal. Fue tanto el shock que me produje que casi pierdo el control de mi máquina, retomándolo casi instantáneamente más por instinto que por conciencia. Su mano cálida sobre la mia, sus palabras de ternura pronunciadas con el amor y la ilusión de un futuro construído juntos, su boca sobre la mia besándome con la pasión de una pareja constituída. Mis lágrimas me nublaron la vista. Una segunda visión: Ella a mi lado, desnuda cubierta por las sábanas que fueron testigos de nuestra unión. La habitación que nos cobijaba en nuestra intimidad y los jadeos propios de la excitación. Mis manos apretaban el volante.
Las luces intermitentes de mis perseguidores me encandilaban mientras intentaba limpiar la humedad en mis mejillas. Un ser apareció de pronto a mi lado.
-Puedo darte lo que quieras, incluso un futuro a su lado. A cambio, quiero tu poder, tus talentos y tu lealtad.- Dijo sin vergüenza y directo.
-Puedes quedarte con tu ofrecimiento, no lo quiero... ¡ No quiero nada !... -
Ipso factus desapareció.
Un estruendo abrumó la mañana ya dibujada por el horizonte. Una explosión que alumbró todo lo circundante: Sin darme cuenta, conseguí que uno de los vehículos que intentaba sacarme del camino perdiera el control estrellandose contra un árbol al costado del camino. Mi sorpresa me hizo cometer el error más grande de todos y el más estúpido: darme vuelta a mirar.
El vehículo giró hacia la derecha bruscamente, y en mi desesperación intenté controlarlo consiguiendo que comenzara a perder el control de él. "si el vehículo pierde el control, no frenes, acelera".... Mi pie se desahogó contra el pedal de aceleración y el motor bramó con furia mientras el vehículo se estabilizaba y llegaba nuevamente el límite de su capacidad cilíndrica.
Nuevamente un estruendo sobresaltó el entorno. Esta vez era definitivo. Mi vehículo no soportaría mucho más. Una rueda estalló con tanta fuerza que la cola de mi máquina se elevó unos instantes y me hizo despertar de mi estupidez: voy a morir, se acabó todo...
Un segundo después, la cola comenzó a dar latigazos de un costado a otro con fuerza. A duras penas conseguía mantener la dirección firme y mi concentración iba en aumento. Si no hubiera sido por la alucinación...
Dos manos sostuvieron mi rostro. El tiempo se detuvo y una luz emergió por el parabrisas iluminando todo el interior del vehículo, dejándome practicamente a ciegas en un entorno blanco. No había viento, ni frío, ni calor. Absolutamente todo era blanco, más el calor de las manos era real y mi piel se erizó ante el contacto. El rostro emergente que parecía descender desde el cielo se acercó a mi rostro. Su boca entreabierta sonreía juguetona mientras sus ojos iban cerrándose al tiempo que mis labios rozaban los suyos. Sus pechos desnudos se apoyaron en el mio que descubrí también iba desnudo y sus brazos rodearon mi cuello apretándome contra ella. Su aroma reconocible en mis recuerdos me hipnotizó con furia mientras la apretaba contra mi. Era su último beso, el beso de despedida, el beso de la muerte.... que para mi mala fortuna venía vestida de mi antigua novia........
Mi vehículo giró en 90º bruscamente y comenzó a girar sobre su eje dando mil vueltas en el aire. No había ni principio ni final, era completamente imposible distinguir donde estaba el cielo del suelo. El techo del auto se aplastó contra la tierra haciéndolo rebotar para continuar con sus giros desenfrenados. Yo me había entregado a la fuerza de gravedad que me hacía danzar con brusquedad cual muñeco de goma, rompiendo mis brazos y piernas con agrado, exponiendo mis huesos al exterior y rasgando mi piel, dejando brotar mi sangre que cubria el parabrisas.
No se cuanto duró, sólo sé que cuando hubo terminado, yo estaba en un mundo sin dolor, donde estaba sentado bajo un árbol, disfrutando del aroma del río que bañaba sus bordes con paciencia y dedicación. A mi lado la muerte con su vestido de gala esperaba a que le hablara.
-Se acabó el dolor...- susurré dejando mi mirada perderse en la inmensidad del bosque frontal.
- ¿ Para tí ?- exclamo burlona- mmm... No, aún no. Te mereces el dolor, y te mereces ser miserable. No te premiaré con lo contrario. Ahora, ¡ sal de mi vista !.-
Desperté entre los restos de mi compañero. Le pedí perdón por haberlo llevado al límite provocándole su muerte innecesaria. Mis brazos y piernas estaban destruídos y podía sentir cómo la sangre espesa goteaba por los lugares que conseguía brotar. No dije nada, sólo miré el sol penetrando por los vidrios rotos de mi fiel compañero y susurré para mis adentros:
- No es el fín... Ella no sabrá de esto, ni a nadie le importará... sin embargo, y aunque no lo merezca....... Aún respiro...-