puzzle pirates =)

Tuesday, July 22, 2008

cuando la encontré.

iba caminando entre los árboles de un bosque oscuro. Los árboles con sus gruesos troncos iban marcando la huella a seguir y la luz de la luna de medianoche alumbraba tímida entre sus copas. El suelo lleno de habitantes nocturnos y hojas que encontraron el fin de su etapa acompañaban mi caminar en silencio, testigos de las lágrimas que corrían por mis mejillas. El sonido del río cercano me tranquilizaba, pero no lo suficiente para poder olvidar la gran tristeza que me embargaba. Su recuerdo tangible en mi piel comenzaba a quemarme con furia.



Los retazos de la luz de la luna creaban figuras en movimiento a mi alrededor, y mi mirada se perdía entre las sombras para evitar creer que la tenía a mi lado aún. Era dificil comprender como esta etapa podía ser tan agotadora y destructiva. Mi mente divagaba entre imágenes repetitivas, reproduciendo una y otra vez cómo su sonrisa me enamoraba, cómo su mirada juguetona me seducía y cómo su rostro durmiente me embargaba de ternura. Así, una y otra vez, aparecía en mi mente. La odiaba, quería que ella con sus recuerdos tortuosos me dejaran en paz y poder así conseguir pensar en mi. Y así iba pensando, sintiendo, maldiciendo.



Paso a paso me iba adentrando aún más en la montaña, los árboles parecían más pesados, viejos, sabios; sus copas, algunas más espesas y gigantes, otras más delgadas y afiladas, esbeltas, robustas, y miles de formas que a mi imaginacion lúgubre se iban convirtiendo en asesinos despiadados que venian por mi cabeza. Mis miedos se apoderaron de mi mente aturdida y la tristeza se convirtió en angustia, una angustía que se traducia en un fuerte dolor en mi pecho, que me ahogaba, que me impidia respirar. Mis manos de asesino se pusieron en guardia mientras una maliciosa sonrisa se formaba en mi boca sedienta, mis pasos se transformaron en los de un fantasma y mis lágrimas caían con fuerza.



Comenzé a perder el equilibrio por lo que mis manos se afirmaban con fuerza de los troncos húmedos. Sin querer me fui alejando de la orilla del río agresivo que gritaba por mi regreso. El bosque me absorvía y yo no era capáz de verlo. Me estaba perdiendo y sólo yo podría retornar.



MI ceño fruncido por el dolor, el cansansio y la angustia. Desde mi garganta nació un gruñido que se transformo en un grito devastador, agresivo, raspado y prolongado pronunciando su nombre para ser luego acompañado por un porqué...Caí de rodillas, mis quejidos y mi llanto eran tan sonoros que podía sentir como su eco me respondía entre las montañas. Estaba llegando al límite.

Sostuve mi cabeza con ambas manos apretando mi sien mientras mis dientes chirriaban apretados. Mis labios sangraban abundantemente y los hilos de sangre se fusionaban con las lágrimas que pintaban mis mejillas mientras pequeñas gotas caían en mis rodillas manchando mis ropas. Era el límite antes de la histeria.



Entonces la ví, poderosa, sutil, brillante.

Era la muerte.

Buenas noches querida, estaba esperando por ti.

Saturday, July 05, 2008

Harakiri

-ouch!- exclamé al caer al pasto húmedo de la montaña.
-vamos, no es primera vez que caes fuerte. Ponte de pie- Recibí más como orden que consejo.

Llevabamos ya un rato entrenando al aire libre en esa tarde de mitad de año, cuando el frío es simple pero penetrador y el aire agujonea cada milímetro del interior del cuerpo. Era un día nublado como siempre, y un poco más húmedo de lo normal. La tierra parecía convertida casi por completo en barro e iba ensuciando mi traje de entrenamiento desgastado, tantas veces azotado contra muchas superficies y tantas otras con la sangre de las heridas propias del entrenamiento. Yo llevaba alrededor de unos 10 años sumido en la soledad de la cadena montañosa que flanquea el litoral central de mi país y había estado sobreviviendo en base al conocimiento aprendido durante mi juventud. Consegui acostumbrarme a no tener muchas comodidades más que las que la misma naturaleza me ofrecía, aunque de vez en cuando descendía al pueblo más cercano a aprovisionarme de cosas elementales, cómo elementos de aseo, aliños y medicamentos que no era posible conseguir entre las yerbas de mi hábitat y que conseguía por medio de intercambio de elementos que iba encontrando en la montaña.

Esta vez era distinto, puesto que había recibido la visita de uno de mis antiguos maestros.Lo que para mi fue una grata sorpresa ya que habían pasado años desde la última vez que lo ví. Compartimos un par de tragos y conversamos durante largas horas. Mi estadía en el pueblo se alargó tanto puesto que no quería separarme de él, tanto que llegado el minuto de partir le invité a venir conmigo, aceptando casi de inmediato, y junto con él ascendimos hasta las cumbres montañosas que me habian visto reencontrarme conmigo mismo al tiempo que me ayudaban a salir de la miserable vida que tenía. Mi maestro, orgulloso de mi por mi enorme desarrollo espiritual, decidió que era momento de enseñarme lo que me faltaba. Y con esta nueva meta en mi vida, comenzé a recordar lo que era sentirse acompañado por el resto. Yo me había convertido en un hermitaño después del accidente y me había enamorado de la soledad que me acompañaba. Esas interminables conversaciones con el vacío de media noche al costado de un fuego alimentado por hojas que después de un par de horas habría sido consumido y desaparecido por completo. Esas danzas de estrellas interminables que bañaban el cielo azul marino. El sonido del río al recorrer su trecho con propiedad, con fuerza. Esas sombras poderosas que parecían convertirse en seres mitológicos que yo sentía vendrían por mi si bajaba la guardia. Finalmente el sonido de la fauna de las montañas acompañando con sus gritos nocturnos el dolor de los recuerdos. Y mi tierra, esta tierra que me vió crecer como ser humano y que ahora se hacía parte como testigo viendo cómo crecía mi espíritu.

No existían muchas limitaciones excepto la de no poder conversar con nadie más. Llegado un momento uno se desespera, y empieza a alucinar. Pero consigue un estado de reflexión tan profundo que uno se vuelve capás de conectarse con el más ínfimo de los lenguages terrenales.

-Vamos de nuevo,atácame con energía!- gritó mi maestro.

Con la agilidad adquirida por tantos años de vivir en terrenos irregulares, ataqué ami maestro con la furia de un animal hambriento. Como era de esperar mi ataque fue repelido en cuestión de segundos y mi cuerpo fue envíado a los aires y por ley, caí al suelo con fuerza. Una costilla se rompió.

-mierda!- espeté.
-vamos, ¡de nuevo !-

Arremetí con más energía y mientras iba corriendo contra mi maestro mi mente voló al pasado, mostrándome imágenes de nuestras manos enlazadas en la mitad de lanoche, amparándonos mutuamente como compañeros, velando por el descanso del otro. Nuestros cuerpos entrelazados entre las sábanas que nos abrigaban. Nuestras bocas semiabiertas exhalando nuestra profunda respiración de nuestro descanso. Un sin fín de aromas, melodías, imágenes, etc.

-¡¡Dijimos que sería una vida juntos!!- grité. Mi maestro percibió el dolor en mi grito y me detuvo antes de que pudiera atacar.
-No, no puedes seguir con eso... -
-... dijimos que nuestras vidas estarían entrelazadas para siempre, que sólo la muerte podría quitarnos nuestra felicidad terrenal. Porque después de esta estaríamos nuevamente juntos...-
-y ....¿no te has dado cuenta de que sus vidas estarán entrelazadas para siempre?-
-...yo...-

Mi rostro quedó estupefacto, mis palabras se agolpaban en el cuello queriendo salir y gritar que aún tenía que saber como estaba, no importaba si habían pasado diez, quince, o 20 mil años desde que hablamos. Ella estaba en mi, porque nos amamos, porque yo le pertenecía y ella a mi pertenecía, porque vivimos juntos una parte de la vida, y siempre sería así, nada lo cambiaría. No importaba que yo estuviera encerrado en la mitad de la nada para no pensar en ella, no importaba que ella hubiera desaparecido de mi vida de un día para otro. Ella estaría conmigo para siempre, porque estaría siempre en mi, porque sin importar cuanto lo intente negar o esconder, ella es parte de mi porque estuvimos juntos y luchamos juntos por un futuro. Fuimos uno luchando cuerpo a cuerpo por concretar nuestros anhelos.

Y lo conseguimos.

-Ahora estás listo.- dijo mi maestro.
-Entonces te pido que me prepares la ceremonia. Se acabó mi proceso de aprendizaje. Sé que tengo que hacer y cómo lo tengo que hacer.-
-Así es. Por eso 10 años atrás no dije absolutamente nada cuando partiste, por eso no te he venido a buscar hasta ahora, que te he visto y he visto tu corazón. Ya no sufre, porque has dado con lo escencial de la vida, con el significado de ésta. Día a día tu dejas construído algo, y ese algo kedará ahí para siempre. En la medida que lo aceptes, encontrarás la felicidad y el descanso...-

Mi maestro dió media vuelta y de su bolso extrajo una manta blanca y otros paquetes más. Armó un santuario frente a una quebrada que daba a uno de los costados del río y en el horizonte se perdía la montaña. La luz comenzaba a agotarse de iluminar e iniciaba su descanso nocturno. Los últimos rayos de lúz comenzaron a perderse entre las robustas copas de los árbols circundantes y las primeras estrellas empezaron a salir a danzar como todas las noches. Retazos de nubes avanzaban lentas como si no hubieran pasado millones de años desde que pasaron por ahí por ultima vez.

Me fuí al río. Entre en el agua con suavidad y me senté ahí con el torzo desnudo. Dejé que el agua helada contrajera mis músculos y me evitara el dolor de la costilla rota. Tenía morado el sector de la herida interna y ardía agujeante. Cerré mis párpados y me concentré en su rostro. Pude verla sentada frente a mi, con su rostro blanquecino como la nieve, con sus ojos semiabiertos y su boca dibujando una sonrisa afectuosa. Sus manos estaban apoyando su tronco inclinado hacia un costado y sus piernas colgando desde la pierna, jugueteaban al compáz de su respiración. Mi corazón latió con más fuerza, y mi dolor fue en aumento. Con lágrimas en mis ojos le hablé.

-Necesito morir para poder ser alguien bueno para ti. Creceré y dejaré lo malo atrás, pero para ello necesito haber renacido... Mi sangre necesita volver a su tierra.-
-Entonces te esperaré...- susurró ella con cuidado y delicadeza.

Me puse de pie. Cambié mis ropas de entrenamiento por el traje elegante de la tribu. Vestí mis prendas con la elegancia de mis últimos momentos. Me acerqué al lugar donde la luz se hacía presente ajena al lugar. Mi maestro había preparado todo para mi muerte.

- Maestro...- dije haciendo una reverencia - estoy listo.-

Tomó mi katana de su lugar, la desenvainó con cuidado y respeto y oró. Unos minutos después, me la extendió con sumo cuidado y mis manos la sostuvieron con seguridad, mirándo por el refléjo del filo cómo mis ojos comenzaban a despedirse de su vida mortal. La sábana blanca cubría un espacio cuadrado flanqueado en sus vértices por antorchas que centraban la luz en el interior. Al interior, me acomodé en posición de reverencia, hice el saludo final de mi vida y agradecí a quienes habían sido parte de ellas. De mi chaqueta, saqué una imagen de ella, la dispuse frente a mi. Estaba arrugada, desgastada, no tenía colores y parecía practicamente basura. Sin embargo a mis ojos representaba lo único que me ataba a este mundo. Dejé el katana frente a nosotros y di gracias a mi maestro por su sabiduría y sus enseñanzas. Me direccioné hacía el infinito que me había acogido durante interminables noche en vela y sonriendo, tomé el arma, la afirmé contra mi pecho y sin decir nada, ni cambiar mi expresión, la hundí con fuerza sobre mi cuerpo. Éste atravezó con delicadeza y elegancia mi torzo, dañando órganos y destruyendo huesos. Ahora en silencio y meditación, debía esperar la hora de mi muerte.

Liberé a mi cuerpo del elemento externo y lo dejé frente a mi. La sangre brotó agresiva e inhundó con furia la sábana y la tierra....
MI mente distinguió entre la cegues que sufrí producto del dolor su boca cerca de la mia, su nariz rozando mi piel y su cabello acariciando mi rostro...

-te amo....- y todo se volvió penumbra.