puzzle pirates =)

Tuesday, May 13, 2025

El cigarro que lo consumió.


La noche estaba helada. La neblina comenzaba a bañar con su rocío cada fachada, cada hoja que se aferra con dulzura y fortaleza a la rama que no la deja caer. 
El caminar incesante de rostros desconocidos, pocos, pero evidentes, acompañaban el silbido del aire que se mezclaba con la oscuridad asfixiante de quien se mantenía a la espera. 

Una espera silenciosa.
Una espera agotadora. 
Una espera que llegaría tarde o temprano a su fin. 

El chasquido del encendedor alumbró por un momento el rostro serio y carente de sus expresiones. Sus manos cubrieron la gentil llama que entregó la sentencia de muerte a ese cigarro, y que con su humo, llenaría los pulmones que con bocanadas largas, buscaban entibiar su cuerpo y alma congeladas, a quien aguantó por una vida este momento; este momento que llegó sin pedirlo, este momento que llegó sin querer, este momento para el cual no sabía que estaba preparado.

Como el samurai que entiende el valor del filo de su espada al blandirla al viento, y escuchar su rugido ensordecedor, capás de retorcer el corazón de su adversario. Como el tigre que descansa mientras observa el horizonte atardeciendo, o como el monje que se conecta con la plegaria antes de dormir. 

Todo en su mundo imaginario había sucedido de tal forma, que las piezas se configuraron para poder entregarle un sentido a todo lo que había escrito. Una visión romántica y profunda de quien anhela conectar con alguien más. Un deseo inalcanzable para quienes habían recorrido un camino tortuoso y agotador, lleno de malas decisiones, lleno de escaras y cicatrices. 

Esa alma magullada, esa mirada perdida, ese devastador silencio, no pedían nada más que una cosa: un final feliz. 

Pero la realidad no respeta las líneas que se imaginan, ni pinta con los colores que anhelamos. Nunca dará en el gusto ni regalará ese cuadro maravilloso, por muy soñadores que sean las personas que se atreven a llegar a ese punto. Por que la vida no es más que una cadena de momentos sin sentido ni piedad. 

En ese final imaginario, él lee la carta con la paciencia y tranquilidad con que sus emociones fueron transcritas delicadamente sobre el papel roneo. En ese final imaginario, ella le escucha con silencio y respeto, incluso emoción. En ese final imaginario, al terminar de leer, él le confiesa que está abajo, afuera de su hogar. 

Que no hay más distancia que la que ellos puedan definir como tal.
Que no hay más miedos que aquellos que puedan arrastrar de vidas pasadas.
Que no hay más tristezas por un segundo, y que por ese segundo, ese eterno segundo, no existirá un mañana, ni un ayer, sólo un presente. 

Porque,¿cuánto llega a durar un segundo si este se vuelve eterno en la memoria de dos personas que se encuentran sin miedo, en una noche como esta, en una noche como tantas que han vivido millones de personas en la historia? Un segundo puede durar una eternidad.

- Estoy abajo. Te espero. Ven. Abrázame. Déjame besarte. Déjame caminar a tu lado. No quiero salvarte, quiero acompañarte. Ven, te invito a caminar conmigo - 

Su respuesta silenciosa torna el ambiente aún más gélido. El frío cala por cada fibra de la pobre tela roñosa que lo viste. Una tela gastada con la experiencia y uso de quien se permite soñar de vez en cuando; que se dedicó a crear realidades y expresiones para él mismo poder sentir.

Se corta la llamada. Su corazón late a mil. Como si la furia de los pedales de su baterista favorito, retumbaran a la velocidad que su bombo era golpeado sin descanso.

La niebla desdibujaba las siluetas. Las luces se fragmentaban con los cristales del rocío. Y en ese mar de oscuridad, esa tela bañada con la amarilla iluminación baja de los postes que se fundía con cada hoja, su silueta emergió.

No hubieron palabras. No hubieron nada más que miradas.

Ella se acercó, él caminó en su dirección. La sostuvo entre sus brazos y gentilmente, con una mano en su mejilla helada, se acercó para besarla. 

Sus labios encontraron el calor que despedía el fuego interno que los sostuvo hasta ese momento. Sus brazos rodearon sus cuerpos para fundirse en un sólo ente maravilloso, místico. Sus respiraciones entrecortadas y profundas, se intercalaban con la emoción de sentir a la otra persona en ese estado puro. Ese beso terminó por derretir el hielo milenario que ambos habían protegido con recelo. Ese abrazo los unió para siempre en una historia fantástica, de esas que sólo se imaginan o leen en los cuentos del medioevo romántico. Se miraron, se descubrieron. Se aceptaron, se entregaron.

Ese momento lo fue todo. 

No se dijeron nada.
Ella se dio la vuelta y volvió a su hogar. No hubieron promesas, ni juramentos. No hubieron sueños, ni anhelos.
Él se subió a su auto, cerró los ojos, sonrió y encendió el motor.

Repasó toda la historia, desde los pequeños saludos distantes, hasta la primera vez que la vio. Con esa polera de color rojo que hacía brillar su piel y su sonrisa. Esa caminata en que él le confesó que sus emociones habían despertado nuevamente. En esa cita donde se conectaron sutil y suavemente. 

Recordó su mirada, recordó su boca, recordó su sonrisa.

Ella lo fue, es y será todo. 

Y entonces lo aceptó. 

No había sido ella quien bajara. No había sido ella quien lo viera sin los escudos y caretas que ocultaban sus dolores y sus tristezas; No había sido ella quien respondiera. Ese beso no existió. Ese beso nunca debió existir. Ese beso no fue más que la ilusión que la última bocanada de su cigarrillo le permitió. Y con ese último grito ahogado, pisoteado y borrado de su existencia, la historia terminó.

Monday, December 23, 2024

La Banca

 La banca de color celesta se veía a maltraer. Los años desde su construcción eran evidentes y cada una de las estrías que componían su relieve, daban cuenta del pasar del tiempo. 

Entre sus grietas, se podía observar la tierra acumulada, la falta de cuidado y su exposición a la historia. 

No eran más que señales de que el tiempo, para todos, inevitablemente nos llega a cobrar factura.

Él estaba sentado en una banca frente a la observada. Sus pensamientos divagaban entre cada línea errática que iba abriéndose camino, y las palabras que las personas que lo rodeaban emitían sin sentido alguno, ni intención aparente. 

Cada hoja que dibujaba las sombras que se proyectaban en sus rostros, se mecían con la suave brisa del caluroso día laboral, donde las responsabilidades y programación dictaban pauta del curso a seguir en la jornada. 

La líder del equipo emitía sus opiniones, emitía sus directrices y cada uno de los integrantes, opinaba con energía cuando era su turno. Él no, él no podía concentrarse, la demacrada banca era más interesante.

"Es como la banca de mis abuelos", pensaba. Distintos colores demacrados por el sol implacable, pero su esencia era la misma. El tiempo nos hace correr sin descanso hasta que ya no tenemos fuerza y nos cobra cada acción que tomamos para poder evitarlo. 

La conversación del equipo seguía su curso. Los encendedores despertaban su llama para quemar las primeras hojas secas que se asomaban en cada uno de los cigarrillos que eran consumidos, en el afán de alargar el momento, la estancia y la instancia, del espacio que habitaban.

Ese presente vago que pretendía de forma implícita, e ilusa, programar el futuro. Ese presente que en realidad no existía porque, en su mente, su corazón, no había nada más que las grietas de esa banca. 

Sus recuerdos se agolpaban, llenando sin descanso cada pensamiento, cada emoción. Cada grieta era otra herida cicatrizada donde se vio forzado a entender la vida y su crueldad. 

Cada estría que se unía a otras en un camino orgánico, era la representación de sus propias experiencias, de sus propias vivencias, de su propio dolor.

De cuando en cuando, entraba en la dinámica de la conversación, siempre con la esperanza que sus propias palabras pudieran callar el grito doloroso del tiempo que lo formó como persona. Cada palabra, cada sonrisa, no eran más que el reflejo de un aprendizaje a la fuerza, y que la vida le mostró para poder funcionar ante cualquier dificultad. 

Sin embargo, esas grietas, esas cicatrices, el color desteñido del tiempo, no hacían más que reflejar su propia historia. Las lágrimas se amontonaban en sus ojos retisentes a liberarlas. El nudo en la garganta remembrante de aquellas experiencias se apretaba con rabia. No era otra situación normal, algo estaba gatillando esa emoción desbordante. 

El murmullo de la conversación se desvaneció, y los primeros recuerdos de su niñez florecieron como un cuadro en movimiento. Las líneas de aquel día de verano se dibujaban con claridad, hasta que la voz de su abuelo rompió el silencio de su memoria

Se sentó a su lado, lo miró con la severidad y amor que sólo un alma vieja puede tener. Los detalles de sus arrugas en el cansado rostro que vestía, no eran más que los vestigios de la experiencia por la cual había transitado por más de ocho décadas; pero las líneas continuaban dibujando el movimiento a través del cual la persona que más admiraba, le hablaba con la dulzura y tranquilidad que acostumbraba. Era un momento sin sentido en ese acto, una de esas conversaciones que parecen triviales y que sólo cuando la persona está lista para entenderla, cae en la cuenta y agradece con el fervor propio de quien ha comprendido una valiosa lección.

Han sido décadas, han sido noches cargadas de soledad y tristeza, sin poder encontrar de nuevo el consejo de quien más admiraba. El dolor de la despedida natural, el dolor del silencio y no poder volver a encontrarlo.

Los demás a su alrededor habían encendido otro cigarrillo más. "Creo que ya llevan 2 o 3". Miró su cajetilla, revisó las colillas restantes de los que él consumió. "5 cigarrillos..." pensó.

Nuevamente se disoció del entorno, participando de forma automática a las diferentes interacciones humanas que a esta altura, ya le parecían aburridas. La cicatriz de la mano derecha de su jefa, probablemente una herida de batalla de sus años de formación académica. El pelo desordenado de su compañero, meciéndose al viento fino y desarmado, queriendo evitar que su destino de llegar a ser pelado por la edad, fuera evidente; su otra compañera mirándolos con desdén y distante, sabiendo que ellos hablan a sus espaldas. 

El encendedor se enciende una vez más, otro cigarrillo se descompone en forma de humo.

"Tenemos que ver cuándo se desarrollará el proyecto de limpieza y reconversión para tratmitar con el ministerio" escuchó a lo lejos por parte de su jefatura. Asintió con la cabeza con suavidad ya que el nudo en su garganta era cada vez más fuerte. Sus lágrimas caían sin que el resto pudiera darse cuenta y cada centímetro que volvía a recorrer, lo llevaba a esa habitación donde su abuelo le estaba dando el consejo más importante de la vida. 

"Con calma, y buena letra".

Sonrió, triste. Se despidió de su recuerdo apagando el resto del cigarrillo. 

Y la banca frente a él, simplemente resistía al tiempo, llena de arrugas, estrías, heridas y cicatrices, con la tozudes y fuerza que la sangre de su sangre había inculcado desde su más tierna infancia. 


Sunday, December 14, 2014

Cómplices de las sombras

Estaba sentado en la mesa observando el vano intento de mi hermana por conseguir que mi prima le pasase la ensalada. Estaba atardeciendo y las fiestas se habían tomado la ciudad, gente colmando cada centímetro de las aceras para alcanzar a conseguir aquel regalo que reivindicara cualquier error cometido.
De cuando en cuando llevaba un bocado a mi boca, lo masticaba desganado y lo terminaba tragando con un sorbo de mi bebida. El ruido era constante en la mesa y todos hablaban animados sobre las anécdotas que se construyeron a lo largo del año para determinar quien fue el más afortunado o en su defecto, el más desdichado. Como siempre, me dedicaba a observar sin participar.

La noche estaba por caer y el clima, relativamente caluroso durante el día, comenzaba a apaciguarse alcanzando una temperatura que se tornaba agradable. Mi teléfono vibró en mi bolsillo con suavidad y no presté mucha atención. El movimiento se tornó constante así que me excusé con mi familia y me levanté a responder.

- Stephane, ¿Cómo estás?, ¿Estás ocupado?- Reconocí la voz, sonreí.
- Karina, ¡Hola!, no, no, estoy cenando con mi familia pero ya estábamos terminando- Respondí con ánimo.
- ¿Puedes salir un momento?, me encuentro en la entrada de tu departamento- 
- Claro, dame un minuto, iré enseguida-

Corté y me acerqué a la entrada. Abrí la puerta tras girar la llave como es mi costumbre, tres veces, y abrí. Ahí se encontraba Karina, hermana de una de mis mejores amigas y además colega, amiga mía también y a quién no había visto hacía casi un año, a pesar del contacto relativamente constante mediante las nuevas plataformas sociales. Delgada como siempre, llevaba un vestido negro ceñido en el torso y que se alargaba al bajar por sus caderas; su pelo negro suelto resaltaba su rostro siempre sonriente y su mirada directa característica se clavó en mí. Me sonrojé.

La invité a pasar con un gesto de mi brazo abriéndole paso al cual ella respondió atravesando el dintel con gracia. Le indiqué el camino al comedor donde ya no quedaba nadie más que mi hermano, quien me esperaba con una taza de café como dicta nuestra costumbre. Le indiqué un asiento a mi lado a mi visita y le ofrecí una taza de café mientras los introducía a ambos. 

Bebimos el café con ánimo, conversando sobre algunas anécdotas propias de un reencuentro y mi hermano dejó el comedor para ir a buscar a su pareja. Junto a mi sorpresiva invitada continuamos la dinámica conversación hasta que cayó la noche. 
Luego de un largo silencio, nos miramos a los ojos y en la comisura de su boca se empezó a dibujar una tímida sonrisa que hablaba de algo más profundo a lo que estaban acostumbrados a mostrar y sus ojos recorrían mi rostro. Mi corazón comenzó a acelerarse y a latir cada vez más fuerte; tan fuerte que pensé que ella sería capaz de escucharlo. Respondí al silencio con una sonrisa nerviosa y con una voz algo tímida y temblorosa le pregunté:

-¿Quieres salir a caminar?, hay un clima agradable esta noche- Tragué saliva.
- Claro, vamos - Respondió, con un toque coqueto en su rostro.

Salimos del inmueble. La noche efectivamente estaba agradable y el clima templado permitía una temperatura que no generaba un excesivo calor pero tampoco caía en el frío. Perfecta para caminar con alguien. 
Continuamos la conversación. En ocasiones bromeábamos sobre el tiempo que ambos compartimos ciudad pero que nunca aprovechamos; anécdotas varias sobre la universidad, amigos, fiestas, etcétera. Poco a poco nos íbamos acercando más y más. Ella tomó mi brazo y acercó su cabeza a mi hombro y resultó bastante cómodo caminar de aquella forma, como si nuestra morfología hubiera estado diseñada pensando en ello. 

Entonces nos sentamos en una banca de una plaza cercana. Habían pocas personas alrededor: unos niños gritando en el sector de los juegos infantiles; una pareja observándolos probablemente sus padres; unos ancianos caminando con sus cabezas agachadas y hombros cansados y por último nosotros, ubicados en el sector menos concurrido del espacio público.
Ella se acomodó a mi lado y de cuando en cuando apoyaba su cabeza en mi hombro, tal cual lo hizo mientras caminábamos. La cercanía alcanzada en ocasiones era tal, que su aroma se hizo presente y me distraía de algunas de sus palabras; las risas nacían y las bromas seguían una tras otra hasta que, como si hubiera un acuerdo implícito entre los dos de romper con el tabú impuesto en silencio, tocamos el tema de nuestras respectivas parejas. 

-¿Cómo estás con tu pareja?- Susurró ella con un dejo de melancolía en sus palabras, como si la pregunta se la hiciera a sí misma conociendo de antemano su respuesta.
- Honestamente, para nada bien aunque no tengo mucho ánimo de hablar del tema -
- Discúlpame, no quise ser impertinente- 
- No, tranquila. No tienes porqué saber que las cosas están así y el preguntar no te convierte en culpable de nada. - Le sonreí - Y en tu caso, ¿Cómo se encuentra tu relación?.-
- Digamos que en una situación similar, tampoco tengo ánimo de tocar el tema -

Ambos guardamos un silencio a través del cual pareció que se había alcanzado un mutuo acuerdo de no volver a mencionar aquello que nos acomplejaba. Nos miramos a los ojos y se notaba una tensión importante entre ambos ante lo cual ella respondió con una sonrisa. Su mano se acercó a mi mejilla y el tacto frío de su piel en mi rostro me estremeció. Mi corazón se aceleró y ella pareció sentirlo. Se acercó a mi cuello y lo besó suave y sutilmente sin moverse demasiado de su posición original. 
Millones de pensamientos cruzaron por mi cabeza. La velocidad de la sinapsis alcanzada generó una lluvia de imágenes sobre los probables escenarios a seguir como respuesta a su accionar para finalmente no hacer absolutamente nada. Estaba congelado. 
Sin mirarme se acomodó nuevamente. Giré mi rostro y sin meditar, sin pensar como había hecho segundos atrás, besé su frente y me reacomodé quedando muy cerca de su rostro. 

La mirada entre ambos fue intensa. El lenguaje implícito era profundo y, como si se tratase de una película en cámara lenta, los movimientos parecían eternos y el contexto a nuestro alrededor prácticamente desapareció, concentrando el cuadro en los dos. Sólo nos mirábamos. 

- Nadie puede saber de esto - Dijo ella susurrando
- Lo sé - Me alejé - ¿Te parece si continuamos caminando?.

Asintió.

Nos pusimos de pie y continuamos caminando, esta vez un tanto más silentes y con menor vigorosidad a los momentos previos a esta fuga veloz a la realidad de cada uno. Esta repentina solemnidad me llevo a un estado de seriedad propia de mi personalidad, donde mi rostro pasa de no tener expresión alguna a alcanzar facciones con mucha severidad, quizás más de las que realmente estoy sintiendo. Por otra parte, Karina se encontraba con su rostro un tanto ido, pero mantenía su sonrisa característica donde sus pómulos se marcaban gentilmente.

- Está helando un poco más - comenté con la intención de recuperar el ambiente previo.
- Sí, es verdad - respondió ella con una recuperada energía - Te noto algo tenso, ¡Sonríe, hombre!-

Entonces se paró frente a mi. La observé con paciencia y me fijé en cada detalle: desde cómo el vestido vestía su torso acentuando su morfología femenina, bajando por su cintura para expandirse al llegar a sus caderas, cayendo como su buscara el suelo, hasta cómo el escaso viento nocturno jugaba con su pelo desordenándolo de cuando en cuando, obligándola a tener que quitarlo de su rostro y de su boca. Su piel pálida contrastaba con el oscuro de su vestido y su pelo, y sus ojos cafés se oscurecían con las sombras propias del juego constante de luces que nacían con el movimiento de las hojas de los maltratados árboles circundantes.   

- ¡Ya! - Espetó sorpresivamente - Quiero abrazarte así que tienes que dejarme, ¿De acuerdo? -
- De acuerdo - respondí entre risas. Logró romper la solemnidad con su característica decisión. 

Se acercó y me brindó un fuerte abrazo. 

- Estás muy tenso, hombre. ¡Relájate!- 

Se acercó nuevamente sólo que en esta ocasión su actitud era distinta. Sus brazos rodearon mi cuello ante lo cual respondí, aún un tanto nervioso, tomándola de la cintura con mis manos para acercarla con suavidad a mi. El contacto con su cuerpo de esa forma me llevaron a sentir un tremendo calor en mi interior, calor que no había sentido en mucho tiempo; mi corazón nuevamente se aceleraba y latía fuertemente sólo que en esta ocasión, pude sentir que el de ella se encontraba en las mismas condiciones. El erotismo del momento fue creciendo con cada centímetro que nos acercábamos. Podía percibir cómo se iba agitando levemente su respiración; cómo su boca se entreabría y sus ojos se iban cerrando mientras sus manos se aferraban a mi nuca con sutileza. Mi cuerpo reaccionó, sentí deseos de besarla. Acerqué en respuesta mi rostro al de ella; mis brazos terminaron por rodear su cintura y presionándola suavemente contra mi cuerpo, rocé sus labios. Sonreí.

Con una sonrisa de vuelta, ella se alejó unos centímetros para mirar mi boca y luego clavar sus ojos en los míos. Sonreímos nuevamente y, tal y como habíamos conversado momentos atrás, sería nuestro pequeño secreto. 
Cerramos los ojos y nos fundimos en un suave y largo beso. Sus manos alternaban sus caricias entre mi espalda y el desorden que provocaba en mi pelo, mientras que yo la atraía a mi con firmeza pero suave, presionándola contra mi cuerpo; acariciando su espalda y rostro. Nuestros labios se rozaban, se presionaban, bailaban siguiendo la música dictada por un deseo reprimido por muchos años y que de cuando en cuando, se dejaba ver entre broma y broma.Nuestras bocas abiertas, daban paso a que nuestras lenguas se conocieran, tímidas y anhelando una pasión más desatada pero siguiendo el ritmo propio del momento. Poco a poco la contención propia del nerviosismo fue disipándose para dar paso a una respiración mucho más agitado por parte de los dos, con suaves quejidos amplificando el calor que la situación provocaba. 

Nuestros cuerpos se apretaban mutuamente, nuestras manos buscaban, subían, bajaban, afirmaban el rostro con propiedad sin perder el tacto fino. De cuando en cuando una sonrisa se dejaba escapar y los constantes latidos fuertes eran fácil de distinguir cuando su pecho estaba presionando el mio. La ropa ligera propia de la estación, permitía poder sentir con mayor fidelidad su cuerpo femenino. La sensualidad propia del momento iba en aumento hasta casi caer en el descontrol. 

Me alejé un poco de su boca y besando su rostro, seguí hasta su cuello que me pareció exquisito, largo. Sólo rocé con suavidad su piel continuando mi camino hasta su clavícula, seguí por su hombro y volví a su boca; mis manos continuaban abrazándola con firmeza, presionándola contra mi. Ella respondió de igual forma y besó mi cuello, escondiéndose en mi pelo enredado, provocando que mi deseo por ella aumentara de forma exponencial y, por lo que ella me demostraba, de forma recíproca. 

Así continuamos variando entre intensidad y contacto y después de un rato, que pareció mucho más largo del que realmente fue, la tomé por sus caderas con suavidad ante lo cual ella respondió con un beso final, juguetón, acompañada por una risa nerviosa nacida en su interior. Mis manos, sin haberme dado cuenta, estaban peligrosamente más abajo de su cintura; ella pareció no prestarle mayor importancia, 

Nos miramos unos momentos, sonrientes, nerviosos.

Sin saber qué decir, me tomó del brazo como veníamos y continuamos nuestro camino. Nos dirigimos a mi departamento donde pudimos dar rienda suelta a lo iniciado en esa templada noche, cómplices entre las sombras y permitiendo soltar las amarras de una comunicación nerviosa e insinuadora por años que desde ahora en adelante sería un secreto acordado en silencio, lleno de complicidad y una alegría renovadora. 















Monday, November 11, 2013

Corte Marcial


Acompañado por un silencio incómodo, es inevitable percibir los pensamientos más ocultos, aquellos que pocas veces uno escucha y que usualmente son los correctos.
Hoy, después de un día cargado de emociones - no muy positivas la verdad -, percibo la sensación de tristeza más latente que nunca. La culpa comienza a ser pesada, a llevarse mi energía y comienzo a cuestionarme cuánto más podré soportar.
Los errores cometidos no son más que la consecuencia de aquellas acciones que, con o sin alebosía, nos hacen pagar el precio. El tiempo permite evaluar con el conocimiento de los eventos que sucedieron desde distintos ángulos, si las decisiones fueron o no las correctas.

Y si el resultado final, aquello con lo que se soñó y  se pensó por tanto tiempo finalmente se consigue, es necesario poner en evidencia los errores cometidos?

Se encontrarán con distintas respuestas para ambos bandos: Algunos justificaran todo con la frase cliché de "el fín justifica los medios" mientras que otros se llenarán la boca con el respeto a quienes pasas a llevar para conseguir tu objetivo.

Al final de la guerra todos somos generales, y es entonces cuando se ve quienes pasan a corte marcial y a quienes se les condecora.


....yo, estoy en corte marcial....

Monday, September 23, 2013

Tonari no Totoro

El mundo de la fantasía nos permite trasladarnos a escenarios donde podemos ser libres y auténticos con nosotros mismos, podemos dar rienda suelta a nuestras más grandes ambiciones o simplemente sentarnos y disfrutar. 

Venía de vuelta de mis tierras y en el laptop traía cargada una de las películas de animación japonesa clásicas para cualquier conocedor básico de cine, Tonari no Totoro, del maestro Miyazaki. La última vez que la había visto fue hace varios años atrás y no había conseguido dimensionar el efecto que traería el disfrutarla tras alejarme del lugar donde crecí.

La felicidad de los personajes, esos monstruos irreales y de forma peluda y redonda que en lugar de provocar miedo invitan a acercarse, la simpleza de sus líneas y sentimientos... No hay nada comparable.

Recordaba mis anécdotas acampando, el sonido de la naturaleza llamándome constantemente a ser partícipe de sus secretos y a alimentarme de su sabiduría milenaria. Dejar mi huella y protegerlo, agradecerles por haberme dado la oportunidad de ser su vecino. 

Mi río, mi montaña, mis amigos imaginarios y secretos, mis vecinos, Tonari no Totoro... a todos uds...

Arigatou...



Tonari no Totoro 

Sunday, September 22, 2013

Consecuente, consecuencia

Imposible no ponerse a evaluar fundándose en las emociones y experiencias los hechos que cada uno vive en el día a día. Nos vemos envueltos en contextos que nos piden y exigen tomar decisiones que traerán consecuencias sean éstas positivas o negativas y, como adultos que somos, debemos tener la capacidad de hacernos cargos de ellas.
Nuestras decisiones tienen consecuencias. Debemos ser responsables con lo que hacemos y hacernos cargo de lo que decimos. Somos seres pensantes, tenemos la capacidad de evaluar y tener opinión crítica y objetiva sobre todo y todos - no me vengan con tonterías, todos opinamos aún si no nos han preguntado -.

El tema es: ¿Porqué nos da tanto miedo asumir aquello con lo que nos hemos comprometido? 

El miedo es la respuesta natural ante lo desconocido; es lo que muchas veces ha conseguido mantener nuestra especie y sin embargo,  también el enfrentarse a ellos ha traído el mismo resultado. Tener plena capacidad de tomar decisiones nos vuelve cobardes y sin embargo la presión del medio, el contexto y entorno que puede ser el profesional, familiar, o de pareja, nos obliga a decidir constantemente. El calibre de la decisión es la que finalmente determina el temor que enfrentaremos; somos valientes para algunas cosas las cuales elegimos según nuestra conveniencia y eso nos convierte en seres irregulares, mentirosos y poco consecuentes. 

Consecuente = consecuencia. 

Entonces me vuelvo a preguntar: ¿Qué nos hace consecuentes con nuestras decisiones?

Luego de pensar y analizar distintos factores bajo mi poca experiencia personal y datos obtenidos tras largas conversaciones con mi entorno, lo que finalmente nos hace consecuentes, es la seguridad del beneficio posterior. El mártir ya no existe, somos seres competitivos y si podemos hacernos con el éxito de otros, lo intentaremos al menos. Ya no existe la libre competencia, el honor y la verdad. El concepto de mártir se ha tergiversado, victimizándonos para poder obtener un beneficio posterior. 
Mi gran problema al entender este concepto con esa definición que le entrego es que finalmente no somos consecuentes si no oportunistas. "Hago lo que me conviene, ya que de esa forma conseguiré un beneficio posterior". 

Personalmente me acepto como una persona muy manipuladora. Logro comprender personalidades y contextos en muy poco tiempo y a través de eso puedo ver de qué forma puedo conseguir mis objetivos. 
¡Pero ojo!, el aceptarme manipulador no cambia el hecho que trato, mucho más que el resto, de ser consecuente con mis decisiones, con mis palabras, con mis acciones. Contrario a muchas personas que conozco, de mi entorno más cercano, me hago responsable de todo y lo he hecho desde siempre. Recuerdo una ocasión en particular cuando estaba estudiando en mis primeros años en que hice algo que lo consideré una broma, un dibujo en el papel mural de mi curso, y que fue considerado un insulto para la institución donde estudiaba y muy fuera de lugar para la edad que tenía. Cuando la profesora preguntó quien había sido el ejecutor de aquello, me puse de pie y dije que yo era el responsable - no mentiré, estaba muerto de miedo - ante lo cual la pedagoga respondió que no se esperaba que asumiera mi responsabilidad "como un hombre", según sus palabras y que sólo por eso iba a librar del castigo. 

Esa es la actitud que prefiero cultivar, el ser responsable conmigo mismo, de mis actos y mis decisiones; hacerme cargo de las consecuencias que éstas traen y que esta honestidad contagie a mi círculo y que al menos tengan la decencia de responderme de igual forma. 

Lamentablemente, no es así.



Thursday, August 29, 2013

Reboot

So, here we are again, 
taking out the old pens 
and breaking out all the things
 that have had me quiet for so long. 
I'll try to be honest with meself again 
and think what the hell is what I really want. 



  For now, it's just sleep for weeks....