Él despertó en mitad de la noche. Veía las luces atravesando las cortinas que tímidamente cobijaban la habitación. Sentía su boca amarga y sus labios resecos. Sudaba además. Sentía miedo.
Frente a él la mujer de sus sueños, la mujer que amaba.
En su mente repasaba cuidadosamente cada detalle del último sueño que lo despertó. Se había trankilizado un poco sin poder conseguir la paz que usualmente poseía.
Comenzó a acariciar el rostro de la mujer con delicadeza, dibujando cada una de sus facciones cuidadosamente, respetando su sueño y su descanso.
-Esta podría ser la última vida que tengamos juntos- susurró...- y somos muy jóvenes para darnos cuenta- Una lágrima de tristeza profunda corrió por su mejilla tímidamente. Sus sensaciones se fueron tornando confusas y sus pensamientos se ahogaron en recuerdos interminables donde la única constante era la persona que le acompañaba esa noche.
Corrió uno de los mechones desordenados del rostro de ella para contemplar con ternura su rostro silencioso. Escuchó atentamente su lento respirar, profundo. Sintió que algo apretaba su corazón.
-Nunca olvidaré la felicidad que me entregaste, pero esta noche debo decirte adiós.- continuó susurrando- Ha llegado la hora que en algún minuto conversamos, y aunque sea difícil, he de partir...-
-No te vayas- Dijo ella entre sueños- quédate a mi lado... te necesito aún- Su corazón se rompió y las lágrimas corrieron copiosamente por su rostro mojando la almohada.
-Estaré aquí para siempre velando por tu felicidad, cariño mio- susurró él en respuesta a su sueño.
Se sentó al costado de la cama, su cuerpo semi desnudo se enfrió rápidamente y tembló. Volvió su mirada para contemplar una vez más a su mujer pero de una perspectiva más amplia. Su cuerpo hermoso a sus ojos semi desnudo era la prueba viviente de que hace poco se habían amado, que habían disfrutado y se habían saciado el uno del otro permitiéndoles el descanso juntos. Nuevamente acarició su rostro, tapó con las colchas su cuerpo para que mantuviera su temperatura y se puso de pie.
Abrió uno de sus cajones secretos donde guardaba aquellas armas que alguna vez aprendió a utilizar en sus entrenamientos. Sacó su traje de ceremonia oscuro como la noche y comenzó a vestirse cuidadosamente y sin provocar ruido alguno estuvo listo a los pocos minutos, armándose para su última batalla.
Se acercó nuevamente a la mujer, besando su frente y luego sus labios se acercó a su oído y volviendo a susurrar le confesó.
-Esta vida es demasiado buena para que perdure, y somos muy jóvenes como para que nos importe, pero de todos modos eh sido el hombre más feliz por haber compartido todos estos años a tu lado, por haberme permitido el amarte, por dejar que me amaras, por dejarnos crecer juntos y tener sueños que lamentablemente ya no podrán ser. Te amo, mucho más de lo que pudiera llegar a comprender y siendo la persona más importante de mi vida es que debo proteger tu felicidad. - empuñó su arma con tristeza, firme, se puso de pie y se dirigió a la ventana.
Abrió con sutileza una de las hojas de la ventana, se acomodó como de costumbre y en postura de guerra dirigió una última mirada a la mujer que amaba y saltó.
Cayó de pie en el patio de su casa. Enfocó su mirada al cielo y calculó la distancia y tiempo antes de la llegada de sus enemigos.
- Tengo tiempo para poder llegar y prepararles una emboscada. Soy sólo yo y tengo la ventaja.-
Vistió su capucha y corrió como nunca hacia el río que estaba a un par de kilómetros de distancia de su casa esquivando de vez en cuando cada uno de los obstáculos que iban desde árboles tenebrosos hasta piedras filosas. Sus pies respondían con celeridad y se sentía en alerta máxima, lleno de adrenalina.
Al llegar al lugar de la batalla se percató que lo venían siguiendo. Sintió 3 pares de pasos tras de él y 3 pares más delante y con naturalidad fingió no haber escuchado nada mientras se ponía a preparar trampas tal y como había planeado para hacerles creer que no habían sido detectados.
Cuando la luna se posó en el punto central del cielo y su luz bañaba cada uno de los recónditos lugares de esa ladera del río, sintió nuevamente moverse a estos personajes. Él se sentó tranquilo, con su capucha bien acomodada y sus armas a mano para reaccionar ante cualquiera de las acciones de sus enemigos.
Un dolor punzante se concentró en el costado izquierdo de su espalda y lo debilitó de forma impresionante. Sacó de uno de sus bolsillos de la chaqueta del traje un par de estrellas y respondió al ataque con celeridad mientras daba un salto y se escondía tras de un árbol para poder verificar cuan grave era la herida.Sintió la tibia sangre manchando su traje y al darse cuenta lo grave que era se asustó. Se dio cuenta que la herida había sido mortal y se culpó por no haber estado lo suficientemente tranquilo y concentrado en la batalla como para haber escuchado cuando fue lanzada. Sacó de la herida un par de esquirlas que quedaron de la estrella lanzada.
Se sacó el pañuelo que usaba para tapar su boca y lo ató en su cintura a modo de evitar un desangramiento veloz. Cerró sus ojos y comenzó a percibir los sonidos de cada uno de sus enemigos descubriendo que estaba completamente rodeado. No le quedaba mucho tiempo antes que lanzaran su ataque y si se quedaba esperándolos podría ser peor. Además, ellos ya sabían la ubicación de cada una de las trampas que había puesto debido a que lo habían estado siguiendo desde antes que alcanzara a llegar al lugar de batalla.
Cuando pudo determinar las distancias de cada uno, sacó una de las bombas de humo que llevaba y la lanzó contra uno de los árboles, explotando fuertemente y tornando completamente espeso el ambiente; no se podía percibir absolutamente nada.
-Te amo...- pensó y dedicó a su mujer- aquí vamos.
Subió rápidamente al árbol y desde la copa se lanzó en picada desenvainando su ninjato y dejándose caer sobre dos de sus enemigos. Uno de ellos alcanzó a percartarse del movimiento y dio un salto desapareciendo en la penumbra mientras que el otro fue brutalmente cortado por la filosa hoja de su arma. La sangre se esparció por toda la zona y su cuerpo cortado practicamente en dos cayó secamente entre las piedras. Sin dar espacio a reacción dio un salto a su izquierda mientras que de un rápido latigazo limpió la hoja de su arma de la sangre que goteaba.
Rodando sobre su espalda tomó un par de estrellas y las lanzó a su derecha, impactando una de ellas en uno de sus enemigos puesto que escuchó cómo se clavaba y el grito posterior de dolor.
-Bien, dos de seis-
Se detuvo de improviso y sintiendo cómo el aire era cortado se echó para atrás justo a tiempo para que el filo de la katana de otro de sus enemigos cortara parte de su cabello. No había alcanzado a tocar el suelo cuando giró su cuerpo hacia su derecha al tiempo que lanzaba un corte a la altura de los tobillos para alcanzar a dañar a su enemigo. Un grito posterior y la sensación en la empuñadura de su arma de haber cortado ambas piernas confirmó que su movimiento había sido eficaz.
Dio un salto y se puso de pie nuevamente.
Enfiló su rumbo hacia su izquierda esta vez ya que sintió como dos de los 3 que quedaban corrían hacia allá.
Fue entonces que sintió un corte profundo en su espalda. Su traje se rajó a la altura de la herida y la sangre comenzó a abandonar cada vez más rápido su cuerpo. Se sintió algo mareado y un leve pitido sonó en sus oídos.
-Maldición, me olvidé del tercero que quedaba..- pensó mientras caía de rodillas, apoyándose en sus manos entre las rocas cada vez manchadas más con sangre. - Tengo que exponerlos de algún modo....-
Sintió cómo volvían los demás y nuevamente era rodeado por el trío enemigo.
Tomó una posición de descanso unos segundos para poder retomar su compostura y concentración. Sabía que ellos estaban algo asustado al haber perdido a tres de los suyos contra un sólo enemigo y que no se atreverían a atacar a diestra y siniestra mientras él mostrara tranquilidad y paciencia. Cautelosamente tomó de uno de los compartimientos de su chaqueta tres estrellas. Evitando movimientos bruscos y aprovechándose de la oscuridad se puso en posición de combate y en milésimas de segundo ya había lanzado su armamento mientras se disponía a escalar por un árbol colindante. Sintió que una de sus estrellas había llegado a su destino al escuchar el grito y la posterior caída seca del cuerpo herido de su adversario, pero no escuchó nada más sobre las otras dos. Apoyó su mano en el tronco del árbol y entonces sintió un dolor terrible que no pudo evitar exclamar en un grotesco grito de dolor: una estrella clavada entre la corteza y sus falanges. Como si no fuera suficiente la sangre que emanaba ya de sus heridas mortales, su mano comenzó a sangrar. Mordiéndose la lengua y usando su otra mano tomó la estrella envenenada y la quitó de ella. Con su mano inutilizada subió rápidamente por el árbol y comenzó a correr entre las ramas de los demás circundantes en dirección a la rivera del río de la cual había anteriormente escapado.
Llegó a ella y lavó con celeridad la herida de su mano y se escondió tras una gran roca.
Sintió que los dos enemigos que le quedaban estaban rodeándolo para terminar con su trabajo.
-Prometí llevarme a todos los que pudiera conmigo, no me matarán así como así y se irán impunes. No conmigo- Gritó. Giró su cabeza justo antes que otra estrella se estrellara en su rostro y él devolvió el ataque del mismo modo, pero además saltó detrás de su pequeña pero efectiva arma en dirección a uno de los adversarios mientras volví a desenvainar su Ninjato.
Lanzó un corte horizontal y sintió cómo desgarraba la ropa, pero no la carne, por lo que con el mismo movimiento repitió en sentido contrario el corte, esta vez sí dando en el blanco. Cuando vio que gritaba y caía en el suelo empapado de su sangre, enterró su arma en su traquea y luego la giró para rematarlo. Cuanta más sangre perdía, más sangre necesitaba ver para poder mantenerse con vida el tiempo suficiente para eliminarlos a todos.
Con sus dedos heridos untó con sangre sus yemas y se llevó a la boca el líquido invocando luego un antiguo conjuro de energía para poder resistir al que sería el último y más difícil adversario de todos los que estaban ahí esa noche, amarró su ninjato a su mano herida y la sostuvo con la otra mientras daba un salto para subirse a la roca más empinada de la zona.
Desafiante gritó en modo de amenaza que quedaban ellos dos y que mejor sería que se mostrara porque sabía bien que era el final de ambos.
Unos pasos seguros se enfilaron entre medio de las ramas del árbol más alto cercano. A contra luz de la luna una figura negra se asomó tranquila, inerte. Sólo podían distinguirse los dos ojos rojos enfocados directamente en él mientras empuñaba una katana más larga que las que él conocía. Su corazón tembló puesto que había leído en sus libros sobre el poder de ese sable. Sabía para qué estaba hecha y entendía el porqué había sido traída a esta batalla.
-Así que seré padre y ahora me entero...- rió triste- la escritura dice que esa katana destruirá al padre del elegido y que su sangre será la que le de la energía para destruirte a ti y a tu grupo de hechizeros. - Sonrió nuevamente.
El reflejo de la luz de luna en el filo de la katana sagrada iluminó la ladera del río mientras él se sentía cada vez más débil.
-Así que tú amada mía llevas el fruto de nuestro amor en tu vientre. Velaré porque tu y nuestro hijo o hija estén sanos y salvos de por vida, y para ello es que tengo que estar aquí...- meditó.- Pues es hora de sellar el destino de uds, familia mía...-
Desde la copa del árbol el hombre vestido de negro y ojos rojos se lanzó en picada directamente hacia él, quién se había arrodillado producto del debilitamiento debido a la falta de sangre. Cerró sus ojos y dió un grito desgarrador nacido desde lo más profundo de su ser empuñando su ninjato y esperó a que su enemigo estuviera suficientemente cerca.
Tomó dos estrellas y las lanzó con toda su fuerza. Una de ellas pasó de largo y la otra impactó directamente en la garganta de su adversario y aún con su impulso y la sangre brotando desde la herida empuñó aún más fuerte el gran filo de su sable.
Arrodillado como estaba se acomodó y se impulsó con las pocas fuerzas que le quedaban para encontrarse en el aire con el golpe mortífero.
Lanzó el último corte que jamás volvería a lanzar. Su brazo fue rozado por parte del filo de la katana adversaria y el resto se encontró con su torzo, siendo cortado en un gran tramo abriendo su carne y sus entrañas, esparciéndolas contra las piedras y tiñendo de rojo el oscuro color del río. Un grito estalló rompiendo el silencio sepulcral de todo el sector y antes de caer se fijó que él también había acertado su golpe, cortando en dos a quien venía ya herido de muerte con una estrella en la garganta.
Su adversario cayó unos metros más atrás, en dirección contraria al río, completamente muerto. Él estaba arrodillado en la ladera, sangrando, jadeando, sintiendo cada uno de los cortes quemándole su piel herida. Con su brazo aún respondiendo a los movimientos trató de taparse la herida más grave siendo completamente infructuoso. Vio el río y se arrastró hacia él.
Su dolor era insoportable. Se sentía mareado y confuso. Lo único que podía visualizar concretamente era el rostro tranquilo y durmiente de la mujer que amaba sabiendo que además llevaba a su hijo. Vomitó sangre y sintió el cansancio propio de la hipotermia que le producía la baja presión sanguínea.
-Aceleraré este proceso...- pensó apenas dada su confusión.
Consiguió llegar al río y lentamente se fue adentrando en él con tranquilidad. Con suavidad descubrió que se sentía mucho más tranquilo y que casi podía sonreír...
-Seré padre...- se repitió a sí mismo aún un tanto incrédulo- que felicidad más grande...- Cerró sus ojos y sonrió dejándose llevar por la corriente del río teñido con su sangre...
Su respiración era cada vez más lenta. Ya no sentía dolor........ Su cuerpo se fue hundiendo poco a poco mientras él se entregaba a su madre muerte para que lo abrazara y lo llevara a ese nivel superior no terrenal para poder velar por la sonrisa y felicidad de los que amaba...
Lo último que pudo ver fue a su mujer despertando un tanto asustada por no tener a su marido a su lado como cada noche, cuando ella lo necesitaba. La escuchó llamarlo progresivamente más asustada mientras ella recordaba lo que alguna vez él le comentó a modo de juego.
"Una noche despertarás y no estaré ahí, mi vida. No porque yo no quiera, si no porque así está escrito. Eh de velar por tu sonrisa hasta que la eternidad nos separe, así que esa noche no te desesperes, porque ya no estaré físicamente. Somos muy jóvenes para poder entender todo esto, pero pronto sabrás que para mi la única mujer y verdadera compañera que eh tenido en toda mi vida eres tú.. Puedo decir que eres el amor de mi vida, y no tengo miedo a convertirme en tu guardián. Sólo no olvides nunca que no te dejaré sola y que siempre estaré aquí, aunque ya no esté físicamente..te amo."
-Así que esta es la noche... - susurró mientras comenzaba a llorar- Sé que no estoy sola, y sé que ahora estás aquí... te amo...-
Él sonrió asintiendo tristemente y su cuerpo comenzó a hundirse en el fondo del río, aquél río que lo viera tantas veces estar en su rivera disfrutando de la naturaleza que tanto amaba y que alguna vez lo cobijara en esas noches interminables de meditación. Ahora, se encargaría de cuidar su cuerpo y su alma y así poder tener la energía necesaria y cuidar a su familia......
Monday, January 25, 2010
La última Vida
yo soy:
Adar
los
8:54 AM
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